El regreso de tres pioneros de Internet: ahora quieren llevar la IA a las empresas con una nueva jugada



Tres de los emprendedores que democratizaron el acceso a internet en la Argentina vuelven a apostar por la tecnología de punta. Daniel Nofal, Damián Maldini y Pablo Saubidet presentaron oficialmente Restart, una compañía independiente nacida de Iplan que buscará instalar inteligencia artificial funcional en empresas medianas y grandes de la región. Su diagnóstico es contundente: el mercado dejó atrás el hype y ahora necesita resultados concretos.


 "Vimos el impacto que podía tener e hicimos una empresa como intraemprendedores. Se llamó Fibertel y tuvo la particularidad de ser la primera empresa de internet de banda ancha de América Latina", recordó Saubidet sobre aquel proyecto que los unió profesionalmente. Detrás de ese recuerdo asoma una tesis que sostienen hasta hoy: "Apuntar a hacer accesible la tecnología de punta a aquellos segmentos que todavía no podían acceder a ella. En el sentido más amplio: precio, calidad, condiciones de contratación".


Esa misma lógica la replicaron en Iplan en 1999 y la mantuvieron durante la transformación de esa compañía, que pasó de ser una telco a convertirse en una techco. Pero el salto hacia la inteligencia artificial exigía algo distinto. "A instancias de Damián, nos dimos cuenta de que, si bien el apoyo de Iplan iba a ser fundamental, teníamos que crear una empresa independiente", explicó Nofal.


Así nació Restart, con una facturación actual de 12 millones de dólares anuales y la mira puesta en los cien millones. El objetivo regional ya está en marcha: Chile y Perú serán los primeros destinos de una expansión que incluye la posibilidad de adquirir otras compañías para acelerar el crecimiento.


Del ruido del dial-up al silencio algorítmico: el ADN que conecta tres empresas

La historia que resume este nuevo desembarco comenzó hace tres décadas en Cablevisión. Aquel proyecto de banda ancha no solo marcó un hito tecnológico en la región, sino que soldó una sociedad que luego se extendió a Iplan y hoy desemboca en Restart. En el medio, hubo una migración silenciosa pero profunda: Iplan pasó a facturar más de la mitad de sus ingresos por servicios que no son de conectividad.


"Nosotros no vendemos un proyecto, mostramos cómo funciona algo", disparó Maldini para explicar la diferencia entre la consultoría tradicional y el approach de Restart. Mientras el mercado suele hablar de implementaciones que demandan años, ellos presentan un producto mínimo viable en cinco semanas. Donde se cobra por hora hombre, ellos lo hacen por consumo.


Ese abordaje tiene un nombre y una metodología: IARC, o IA Readiness Check. "Evalúa si la empresa está realmente lista para aplicar inteligencia artificial: cómo está la adopción, el cambio cultural, la decisión organizacional y, sobre todo, cómo están los datos", detallaron. La advertencia es taxativa: "La inteligencia artificial es un dato procesado. Si el dato es malo, lo único que hacés es amplificar ese error".


El diagnóstico que hacen del mercado argentino y regional encuentra sustento en estudios recientes. Un informe de McKinsey señala que el 78% de las organizaciones ya utiliza IA en al menos una función, pero Boston Consulting Group advierte que el 74% de las empresas latinoamericanas enfrenta dificultades para alcanzar valor real con sus iniciativas. En Argentina, un estudio de Microsoft reveló que, si bien el 85% de las empresas medianas ya aplica IA, muchas aún no saben por dónde empezar.


Tres casos concretos que muestran el camino

Para bajar a tierra la propuesta, Nofal compartió ejemplos reales de implementaciones. El primero fue una encuestadora política. "Reemplazamos las llamadas manuales por un encuestador con voz, que habla y tiene mejores resultados. Lo hicimos en cinco semanas, cuesta unos 1.500 dólares por mes". Los resultados fueron contundentes: permitió incrementar en un 40% la cantidad de encuestas completadas, mejorar en un 25% la calidad de las respuestas abiertas y reducir a la mitad el costo por encuesta.


El segundo caso involucró a una cadena de locales de indumentaria que quería conocer mejor a sus clientes. Con las cámaras ya instaladas, analizaron el video para hacer "sentiment analysis". "Sabés si la persona está contenta, si pone cara de feliz, qué experiencia tuvo. Información que antes quedaba en la percepción del vendedor, ahora es dato puro", explicó. Este tipo de soluciones de visión cognitiva tienen un costo que ronda entre los 1.500 y 2.000 dólares mensuales.


El tercer ejemplo fue para un estudio de abogados. Un agente que analiza contratos y reduce el tiempo operativo en un 60%. "Apenas lee un contrato, marca los puntos de riesgo. El abogado usa su inteligencia para atacar los problemas, no para leer un boilerplate", graficó. El impacto fue preciso: logró acelerar en un 65% los tiempos de revisión contractual.


El dilema de escalar: cuando la IA funcional desafía a la cultura empresarial

Uno de los conceptos centrales que surgió en la charla fue la diferencia entre la IA que mejora la productividad individual y la que transforma la empresa. "En una empresa chica, la IA se incorpora como personal. Mejora la productividad individual. Pero en las empresas grandes, nosotros atacamos lo que llamamos IA funcional: la que interviene un proceso de negocio", diferenció Maldini.


Esa distinción no es menor cuando se analiza el momento del mercado. "Nunca hubo tanta demanda por una tecnología. El FOMO es enorme. Pero eso convive con una resistencia cultural dentro de las empresas", advirtió Saubidet. Por eso, explicó, el approach de precios acotados, la visibilidad rápida de resultados y la creación de la Restart Academy apuntan a trabajar "cuerpo a cuerpo" con el cliente para atravesar esa barrera natural.


Consultados sobre qué encuentran del otro lado del mostrador, los founders fueron claros. "Arrancan desde la eficiencia. Piensan en automatizar y reducir personas", dijo Nofal. Pero en la charla, el foco cambia. "El CEO arranca con la reducción de costos, pero después el de ventas se imagina cómo atender 24x7, algo que era impensado. Ahí aparece la oportunidad de crear, no sólo de recortar".


Maldini fue enfático en que la ecuación no es menos gente. "No lo piensen siempre como ahorro de costo. Hay productos enteros que eran imposibles y ahora son posibles. Nuevas fuentes de ingreso, nuevos servicios. Eso es mucho más interesante que solo reducir personal".


Sobre el momento del mercado, Nofal arriesgó una visión: "Este año va a ser el punto de inflexión. La demanda está madurando. Antes era experimental, 'probemos a ver'. Ahora ya no". En esa maduración, Restart busca posicionarse como el puente entre la expectativa y la ejecución.


"Restart nació en pleno auge de la IA generativa, cuando muchas empresas querían 'dos kilos de IA' sin saber para qué", recordaron. "El hype fue tan alto que muchas se metieron en proyectos sin estrategia, sin datos, sin cultura organizacional. Y fracasaron. Hay que construir primero la casa antes de pintar las paredes." Hoy, en cambio, "estamos en una meseta más lógica, donde las empresas entienden que esto no es magia. Hay que trabajar sobre procesos, sobre datos, sobre cultura organizacional".


La hoja de ruta es clara: primero Chile, luego Perú, y después el resto de la región con una combinación de crecimiento orgánico y adquisiciones. "Apuntamos a cobertura regional y tenemos previsto acelerar el crecimiento orgánico con compras de otras empresas que tengan contactos y know-how", reveló Saubidet.


La convicción que los une es la misma que hace treinta años cuando apostaron a un invento llamado banda ancha. "Los que manejaban carruajes eran pocos. Los que manejan autos son todos. Con la IA es lo mismo", cerró Maldini. "No hay que tenerle miedo a la evolución tecnológica. Termina siendo positiva".


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