Desde el despegue del cohete SLS hasta las primeras maniobras orbitales de Orion, la NASA completó una secuencia clave en el arranque de Artemis II. En ese tramo inicial, la tripulación activó sistemas, desplegó los paneles solares, ajustó la órbita de la nave y realizó una prueba de maniobra manual en el espacio, mientras el control de misión resolvía incidentes menores sin impacto en el plan de vuelo.
Con un lanzamiento concretado a las 19:35 del miércoles 1 de abril, hora argentina, Artemis II abrió una nueva etapa para el programa lunar de la NASA. La misión partió desde la plataforma 39B del Kennedy Space Center, en Florida, con Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen a bordo de Orion, en un vuelo de aproximadamente 10 días alrededor de la Luna y de regreso a la Tierra. Se trata de la primera misión tripulada del programa Artemis y del primer viaje con astronautas en una nave Orion.
Los primeros minutos después del despegue estuvieron marcados por una cadena de hitos que debían salir bien para que la misión entrara en ritmo. A las 19:43 de Argentina, la NASA confirmó el apagado de la etapa central del SLS y su separación exitosa. Poco después, a las 19:59, Orion completó el despliegue de sus cuatro paneles solares, una maniobra indispensable para garantizar el suministro eléctrico durante el resto del vuelo. Según la agencia, esas alas solares quedaron bloqueadas en posición y empezaron a producir energía para sostener sistemas de soporte vital, aviónica, comunicaciones y operaciones de a bordo.
Con la nave ya configurada para permanecer en el espacio, el trabajo pasó de la fase de ascenso a la de ajuste orbital. En esa primera noche, la etapa superior ICPS encendió su motor RL10 para ejecutar la maniobra de elevación del perigeo, que aumentó el punto más bajo de la órbita terrestre de Orion. La NASA informó además que, poco después de esa maniobra, se registró una pérdida momentánea de comunicaciones de datos entre la nave y tierra. El episodio se resolvió rápido y la tripulación confirmó que había seguido escuchando al control de misión durante todo el evento.
Más tarde llegó otra maniobra relevante: la elevación del apogeo, destinada a aumentar el punto más alto de la órbita. Ese encendido dejó a Orion mejor posicionada para las operaciones de chequeo en órbita alta y para la secuencia posterior del vuelo. Antes de esa maniobra, los astronautas empezaron a adaptar la cápsula a la vida en el espacio. En ese proceso apareció una luz de falla intermitente asociada al sanitario de la nave, un detalle menor en comparación con el resto de la operación, pero suficiente para que los equipos en Houston iniciaran una revisión técnica junto con la tripulación.
Una prueba manual clave para lo que vendrá después
Entre los objetivos de estas primeras horas también estuvo una demostración de operaciones de proximidad, una prueba importante porque sirve para validar cómo responde Orion cuando los astronautas la controlan manualmente cerca de otro vehículo. En este caso, el blanco fue la propia etapa superior ICPS, ya separada del resto del sistema de lanzamiento.
La NASA explicó que la maniobra duró cerca de 70 minutos. Orion realizó primero una rotación automática para volver a mirar hacia la etapa, se detuvo a unos 300 pies de distancia y luego la tripulación tomó el control con los mandos de translación y rotación. Más cerca, a unos 30 pies, los astronautas evaluaron el comportamiento fino de la nave con pequeños impulsos de los propulsores del Módulo de Servicio Europeo. La prueba se cerró con una maniobra de alejamiento y con la recolección de mediciones precisas desde la cámara de acoplamiento, datos que servirán para futuras operaciones de encuentro y maniobra en el entorno lunar, donde no existe GPS.
El balance de esa fase fue positivo. Hacia las 00:37 del jueves 2 de abril, hora argentina, la NASA informó que la demostración había concluido con éxito. En paralelo, aclaró que el equipo seguía trabajando sobre la anomalía del sanitario. Menos de media hora después, a la 01:06, la agencia comunicó que el problema había sido resuelto y que el sistema había quedado operativo otra vez.
A 12 horas del despegue la tripulación ya había superado el lanzamiento, la separación de etapas, el despliegue energético, dos maniobras orbitales y una demostración manual de precisión en el espacio. Todo eso ocurrió antes de que comenzara la siguiente gran etapa del cronograma, orientada a seguir modelando la órbita terrestre de Orion antes de la futura inyección translunar.
La agenda oficial de la misión ubica esa maniobra hacia la noche del jueves 2 de abril, hora del Este, es decir varias horas después de este primer tramo.
El despliegue ATENEA: el nano satélite argentino ya transmite desde el espacio
La primera noche de Artemis II también dejó una noticia con sello argentino. Después del despegue de la misión, comenzó la secuencia de liberación de cargas secundarias del cohete SLS, una etapa prevista por la NASA para desplegar varios CubeSats internacionales una vez que Orion ya se hubiera alejado con seguridad de la etapa superior. Dentro de ese grupo viajó ATENEA, el microsatélite argentino que forma parte de la misión como carga secundaria.
Con el paso de las horas, la misión sumó una confirmación clave: ATENEA ya empezó a enviar datos desde el espacio. Según un comunicado oficial las estaciones de la CONAE en Córdoba y Tierra del Fuego recibieron con éxito señales y datos de telemetría del satélite. Ese dato convirtió al vuelo en algo más que una participación simbólica dentro de Artemis II: marcó el inicio operativo del dispositivo argentino en una misión de la NASA.
ATENEA es un CubeSat 12U, es decir, un nanosatélite de formato compacto, diseñado para validar tecnología espacial en condiciones reales de vuelo. Juan Pablo Cuesta González, líder de la iniciativa en la CONAE, explicó que uno de sus objetivos centrales es poner a prueba hardware diseñado y fabricado en la Argentina y elevar el nivel de madurez tecnológica de subsistemas desarrollados en el país.
La misión del satélite no apunta a llegar a la Luna. Su recorrido está pensado para operar en una trayectoria de gran altura respecto de la Tierra y reunir información útil para futuras misiones.
ATENEA fue desplegado a unas cinco horas y media del despegue, junto con otros CubeSats de Alemania, Corea del Sur y Arabia Saudita, a unos 45.000 km de la Tierra, y que luego alcanzará una altura máxima cercana a los 70.000 km. Esa marca lo ubica muy por debajo de la distancia lunar, pero aun así lo convierte, según el propio proyecto, en el dispositivo argentino que más alto habrá volado.
Entre las tareas previstas para ATENEA aparecen la medición de niveles de radiación, la evaluación del comportamiento de componentes electrónicos en condiciones extremas, el análisis de señales de navegación GNSS a altitudes superiores a las de sus constelaciones y la validación de enlaces de comunicación de largo alcance. También tiene la misión de probar sensores de muy baja luminosidad y sistemas de medición de radiación. En otras palabras, no viaja solo como acompañante de Artemis II: viaja para ensayar tecnología y generar datos en un entorno que la Argentina nunca había explorado de esta manera.
El proyecto, además, reúne a varias instituciones del sistema científico y tecnológico nacional: ATENEA es el resultado de un trabajo articulado por la CONAE con participación de la UNLP, la UNSAM, la Facultad de Ingeniería de la UBA, el Instituto Argentino de Radioastronomía, la CNEA y la empresa VENG S.A. Esa trama institucional le da otra dimensión al hito: no se trata solo de un satélite argentino en una misión histórica, sino de una plataforma de prueba construida a partir de capacidades desarrolladas en el país.
