¿Por qué América Latina es la región más vulnerable ante los ciberataques?

 


Los ejecutivos de América Latina y el Caribe son los que menos confianza tienen en la capacidad de sus países para proteger la infraestructura crítica frente a ataques de ciberseguridad. La conclusión surge del Global Cybersecurity Outlook 2026, elaborado por el World Economic Forum (WEF) y Accenture, que advierte por una aceleración del riesgo digital a partir del avance de la inteligencia artificial, la fragmentación geopolítica y la complejidad creciente de las cadenas de suministro.


El dato marca una señal de alerta para gobiernos, empresas y organismos públicos de la región. Según el análisis, casi la mitad de los ejecutivos latinoamericanos afirmó que no confía en la capacidad de respuesta de sus países ante incidentes dirigidos a servicios esenciales. El informe también identifica a América Latina como la región con mayor escasez de talento en ciberseguridad: 65% de los encuestados sostuvo que sus organizaciones carecen de profesionales con las habilidades necesarias para alcanzar sus objetivos de protección digital.


La infraestructura crítica incluye sistemas y servicios indispensables para el funcionamiento de una sociedad, como energía, agua, transporte, salud, telecomunicaciones y operaciones financieras. Un ataque contra esas redes puede afectar la actividad económica, interrumpir servicios básicos y generar consecuencias directas para ciudadanos, empresas y Estados.


La geopolítica se convirtió en un factor central del riesgo cyber

El reporte del WEF y Accenture plantea que la ciberseguridad ya no puede analizarse solo desde una perspectiva técnica. La tensión entre países, las disputas comerciales, el espionaje digital y los ataques patrocinados por Estados modifican las estrategias de defensa de las organizaciones.


Federico Tandeter, director de Ciberseguridad para Sudamérica Hispana en Accenture, sostuvo que “en 2026, la geopolítica continuará siendo el principal factor que influye en las estrategias generales de mitigación del riesgo cibernético y, de hecho, 64% de las organizaciones a nivel mundial está considerando ciberataques con motivación geopolítica, como la interrupción de infraestructura crítica o el espionaje. Ante esto, 91% de las organizaciones más grandes ha modificado sus estrategias de ciberseguridad debido a la volatilidad geopolítica”.


La lectura del informe apunta a una preocupación concreta: los ataques digitales ya forman parte del tablero político y económico global. Las organizaciones deben proteger sus sistemas propios, revisar la seguridad de proveedores, evaluar dependencias tecnológicas y preparar planes de respuesta ante incidentes con impacto operativo.


La falta de talento golpea con más fuerza a América Latina

El segundo dato fuerte para la región está en la escasez de especialistas. El 65% de los ejecutivos latinoamericanos encuestados afirmó que sus organizaciones no cuentan con una fuerza laboral con las habilidades necesarias para cumplir sus metas de ciberseguridad. Es el porcentaje más alto a nivel global.


La brecha de talento aparece en un momento de mayor complejidad técnica. Las empresas incorporan inteligencia artificial, automatización, servicios en la nube y más proveedores externos. Esa expansión amplía la superficie de ataque y exige perfiles capaces de anticipar amenazas, detectar incidentes, proteger identidades digitales y responder con rapidez ante interrupciones.


Tandeter señaló que “este contexto está redefiniendo el rol de los profesionales de la ciberseguridad y pone de relieve la importancia de adaptar las competencias para responder a nuevas exigencias. Por lo tanto existe una urgencia de impulsar programas de capacitación focalizada y aprendizaje continuo”.


Para América Latina, el desafío combina inversión, coordinación público-privada y formación de talento. El informe ubica a la región en una posición vulnerable frente a amenazas que afectan servicios esenciales y cadenas productivas. La prioridad para empresas y gobiernos pasa por fortalecer capacidades, entrenar equipos, mejorar la preparación ante incidentes y reducir la dependencia de respuestas improvisadas frente a ataques de alto impacto.

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