Los ataques con códigos QR aumentaron un 146% en apenas 2 meses

 


Los códigos QR se incorporaron definitivamente a la vida cotidiana: se utilizan para realizar pagos, acceder a servicios digitales, autenticarse o consultar información. Precisamente, esa familiaridad está siendo aprovechada por los ciberdelincuentes para desarrollar campañas de phishing mediante códigos QR, una modalidad conocida como “quishing”.

Según datos de Microsoft Threat Intelligence citados por WatchGuard, las campañas de quishing pasaron de 7,6 millones en enero a 18,7 millones en marzo de 2026, lo que representa un incremento del 146% en apenas dos meses.


Del código QR al robo de credenciales

En estos ataques, el código QR funciona como puerta de entrada. Al escanearlo, el usuario puede ser redirigido hacia un sitio web diseñado para parecer legítimo, donde se le solicita ingresar credenciales, información personal o datos de autenticación.

El esquema suele apoyarse en elementos reconocibles para generar confianza y reducir las señales de alerta. Una vez que la víctima interactúa con el sitio malicioso, los atacantes pueden intentar obtener credenciales o tokens de autenticación y utilizarlos posteriormente para acceder a aplicaciones corporativas, información sensible o servicios internos.


El verdadero desafío comienza después del escaneo

Para los equipos de seguridad, esto implica ampliar la mirada. Detectar un mensaje sospechoso ya no es suficiente: es necesario poder identificar qué ocurre después de que el usuario interactúa con el contenido.

El endpoint adquiere así un papel central. Cuando un ataque basado en un código QR logra avanzar, el dispositivo puede convertirse en uno de los primeros lugares donde aparecen señales de comportamiento anómalo. Contar con visibilidad sobre la actividad del endpoint permite detectar comportamientos sospechosos, correlacionar eventos y responder antes de que un incidente aislado evolucione hacia una brecha de mayor alcance.

Desde esta perspectiva, la protección moderna de endpoints debe ir más allá de la prevención. Detección, respuesta y visibilidad continua resultan fundamentales para identificar actividades que pueden parecer legítimas en un primer momento, pero que forman parte de una cadena de ataque.


La importancia de combinar tecnología y educación

El crecimiento del quishing también pone nuevamente en evidencia la importancia de la ciberhigiene de los usuarios.

Las organizaciones deberían incorporar los códigos QR dentro de sus programas de concientización y capacitación en seguridad, explicando que un QR no es necesariamente confiable por el solo hecho de aparecer en un contexto conocido.

  • Verificar el destino antes de ingresar credenciales o información sensible.
  • Evitar escanear códigos QR provenientes de fuentes desconocidas o inesperadas.
  • Revisar cuidadosamente la dirección del sitio al que redirige el código.
  • Utilizar autenticación multifactor resistente al phishing cuando sea posible.
  • Mantener actualizados sistemas operativos y aplicaciones.
  • Contar con herramientas de seguridad que permitan detectar comportamientos sospechosos en los endpoints.
  • Incorporar capacidades de detección y respuesta para identificar qué sucede después de la interacción inicial.


El factor humano vuelve a estar en el centro

El fenómeno del quishing demuestra que los ciberdelincuentes no siempre necesitan recurrir a técnicas extremadamente sofisticadas para alcanzar sus objetivos. En muchos casos, basta con identificar hábitos cotidianos en los que las personas actúan de manera automática.

La creciente utilización de códigos QR convierte a esta tecnología en un nuevo recurso dentro del arsenal del phishing. Para las empresas, el desafío consiste en combinar capacitación, autenticación robusta y protección de endpoints con capacidades de detección y respuesta que permitan identificar rápidamente las señales que aparecen después de la interacción inicial.-

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