Infome: 6 de cada 10 argentinos ya usan IA, pero solo 43% ve adopción real en sus empresas



El uso cotidiano de la inteligencia artificial creció a un nivel que ya no sorprende: seis de cada diez argentinos integran herramientas de IA en su vida personal y la mayoría afirma que les mejora la productividad. Sin embargo, ese avance no encuentra el mismo ritmo dentro de las organizaciones. .


La distancia entre el hábito individual y la adopción corporativa quedó expuesta en el Monitor Nacional de Inteligencia Artificial 2025, elaborado por Taquion Group junto a RESTART, iplan y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.


El informe revela que solo el 43% de los trabajadores percibe que su empresa utiliza IA, y apenas un 6% considera que está implementada de forma amplia. El resto la ve restringida a usos aislados, pruebas limitadas o iniciativas que no llegan a consolidarse. Para el ecosistema productivo, es una señal clara de que la transformación todavía no se volvió estructural.


Las razones aparecen en los propios datos del estudio. Los empleados identifican como principales dolores operativos los procesos manuales que consumen tiempo y la falta de innovación, ambos con el 16% de las menciones. A esto se suma otro indicador crítico: uno de cada tres trabajadores asegura que la dirección de su empresa rara vez o nunca habla de inteligencia artificial, lo que marca una baja prioridad estratégica en la agenda del liderazgo.


“Los datos muestran que los proyectos fallan por cómo se implementan. La IA genera productividad real cuando se integra en los procesos operativos de la organización. Ahí es donde los resultados se vuelven concretos”, explica Hernán Mazzeo, CTO de RESTART. Para el especialista, arrancar por compras aisladas o pruebas piloto desconectadas solo prolonga la brecha entre expectativas y resultados.


Según el Monitor, más de dos tercios de los empleados afirman que su organización nunca intentó implementar IA o abandonó los proyectos antes de ver un impacto claro. Entre quienes sí atravesaron intentos fallidos, los motivos recurrentes incluyen mala integración con sistemas existentes, falta de resultados esperados y complejidad técnica para poner en marcha las soluciones.


Las barreras más mencionadas apuntan más a cuestiones de diseño organizacional que a problemas tecnológicos. El 21% indica que no sabe cómo integrar la IA en procesos concretos, un 20% menciona falta de conocimiento técnico y un 12% habla de ausencia de herramientas aplicables a su industria.


En este escenario, RESTART busca posicionarse como un socio operativo para transformar la adopción real. Su metodología se basa en mapear el flujo de trabajo tal como ocurre en el día a día, no en el organigrama, para detectar dónde la automatización puede liberar tiempo, reducir errores o escalar decisiones. “Nuestro trabajo empieza en el piso operativo: cómo se carga un dato, cómo se aprueba una tarea, dónde se traba un caso. Desde ahí definimos qué partes del proceso puede asumir la IA y cuáles deben seguir en manos de las personas”, detalla Mazzeo.


El estudio también muestra en qué áreas la IA ya está ganando terreno. Entre los usuarios que la aplican en el trabajo, los procesos más intervenidos son marketing y comunicación (40%), análisis de datos y reportes (31%), atención al cliente a través de chatbots o asistentes (30%) y desarrollo de productos y servicios (27%). Pero la presencia es mucho menor en logística, finanzas, administración y recursos humanos, donde la automatización todavía tiene un largo camino por recorrer.


La encuesta, realizada entre el 4 y el 16 de noviembre de 2025 a 1.301 personas adultas con acceso a internet, también mide la percepción del riesgo de no avanzar. Aunque casi la mitad cree que su empresa puede seguir existiendo sin adoptar IA, un 23% lo pone en duda y un 11% considera que quedará obsoleta. La preocupación por perder competitividad aparece con más fuerza en sectores de alto conocimiento como marketing, servicios profesionales, energía y minería.


Para RESTART, la incertidumbre es una oportunidad para acelerar: “Muchas empresas dudan entre esperar o dar un salto decidido. Lo que estamos viendo es que quienes ya están rediseñando procesos con IA empiezan a ganar velocidad comercial, mejoran su servicio y liberan tiempo para tareas de mayor valor. Con el tiempo, esa diferencia se vuelve competitiva”, sostiene Mazzeo.


El Monitor también consulta qué tipo de apoyo externo consideran más valioso los líderes empresariales. La consultoría estratégica para decidir qué IA usar y dónde aplicarla encabeza la lista, seguida por capacitación e implementación técnica. A pesar de eso, el 44% de las organizaciones admite que no mide ningún KPI de adopción y más de la mitad reconoce que no calcula el retorno de inversión de sus proyectos.


Mazzeo subraya que sin métricas la discusión pierde impacto: “Sin indicadores, la IA queda en terreno de percepciones. Nuestro enfoque incluye medir cuánto tiempo se ahorra, cuántos errores se reducen y qué impacto tiene en ventas o satisfacción del cliente. Con números claros, la conversación pasa a ser estratégica”.


El mensaje final del Monitor es contundente: la sociedad ya incorporó la IA en su día a día, pero las empresas todavía no lograron convertir esa adopción masiva en valor organizacional. El desafío no es “probar IA”, sino construir una hoja de ruta que la convierta en el estándar operativo para la próxima etapa de competitividad en Argentina.

Artículo Anterior Artículo Siguiente