China acaba de formalizar una ambición que excede por mucho los plazos habituales de la política espacial. La Corporación de Ciencia y Tecnología Aeroespacial de China presentó su programa nacional para el desarrollo de recursos espaciales, una hoja de ruta que se extiende hasta el año 2100 y que apunta a algo más que misiones científicas: la construcción de una infraestructura permanente para explorar, explotar y abastecerse de recursos en todo el sistema solar.
El proyecto, bautizado Tiangong Kaiwu, traza un plan de largo aliento para desplegar una flota interplanetaria capaz de operar desde la órbita terrestre hasta los confines más lejanos del sistema solar. No se trata de una iniciativa aislada, sino de una pieza más dentro de la estrategia de largo plazo con la que Pekín busca consolidar su liderazgo tecnológico y económico a escala global durante el próximo siglo.
Una visión histórica aplicada al espacio
El nombre elegido no es casual. Tiangong Kaiwu puede traducirse como “La explotación de las obras de la naturaleza” y remite a una enciclopedia científica publicada en 1637, durante la dinastía Ming. Los responsables del plan citan esa obra como inspiración filosófica, bajo una premisa clara: los recursos existen en la naturaleza y el rol humano consiste en transformarlos mediante la técnica.
Esa mirada también conecta con la figura del almirante Zheng He, comandante de una de las mayores flotas navales del siglo XV. Para los arquitectos del programa espacial chino, aquellas expediciones marítimas representan un antecedente histórico de lo que ahora buscan trasladar al espacio profundo: exploración sistemática, presencia sostenida y control de rutas estratégicas.
Asteroides, Luna y agua como recurso clave
Más allá del relato histórico, el programa se apoya en cálculos económicos concretos. Investigaciones lideradas por Wang Wei, académico de la Academia de Ciencias de China, identifican más de un centenar de asteroides cercanos a la Tierra con potencial de explotación inmediata. Según esos estudios, cada uno de esos cuerpos tendría un valor superior a los 100 billones de dólares.
El interés no se limita a metales como oro, platino o níquel. El hielo de agua aparece como uno de los recursos más estratégicos del plan, ya que permite producir oxígeno, agua potable y combustible directamente en el espacio, reduciendo la dependencia de lanzamientos desde la Tierra y habilitando misiones de larga duración.
Una hoja de ruta que avanza por décadas
El cronograma oficial establece una primera fase, entre 2026 y 2030, centrada en demostrar la viabilidad técnica de la minería espacial en cuerpos cercanos. Para 2035, China espera contar con un sistema completo de explotación de recursos lunares y de pequeños asteroides, con una cadena de suministro estable en el entorno cislunar.
La arquitectura logística se apoyará en puntos de Lagrange, regiones de equilibrio gravitacional que funcionarán como nodos de transporte, procesamiento y almacenamiento. A partir de la segunda mitad del siglo, el plan prevé una expansión gradual hacia Marte y el cinturón principal de asteroides, con operaciones más profundas hacia 2050.
El horizonte más ambicioso aparece después de 2075, cuando China proyecta alcanzar capacidades operativas en planetas como Júpiter, Saturno, Mercurio y Venus. El objetivo final, hacia 2100, es desplegar estaciones de suministro de recursos distribuidas por todo el sistema solar y sostener una economía espacial autosuficiente.
Infraestructura digital y control orbital
La iniciativa no se limita a la minería. El plan incluye el desarrollo de una infraestructura digital espacial con un consumo energético estimado en un gigavatio. Esta red integrará nodos de computación y transmisión en órbita, con capacidades de cálculo y almacenamiento fuera de la superficie terrestre.
También contempla sistemas avanzados para el monitoreo y la remoción de basura espacial. Se trata de tecnologías con aplicaciones civiles y estratégicas, que permitirían a China tener un rol central en la gestión del tráfico orbital y en la seguridad de satélites e infraestructuras críticas.
Cohetes reutilizables y producción en serie
Para sostener este despliegue, China apuesta por la producción en masa de cohetes reutilizables. El modelo combina empresas estatales y privadas en una coordinación industrial que recuerda al programa Apolo de Estados Unidos, aunque adaptado a las capacidades actuales de fabricación en serie y control de costos.
La prioridad es asegurar lanzamientos frecuentes, económicos y bajo control soberano, eliminando dependencias externas y construyendo una base industrial capaz de sostener operaciones continuas durante décadas.
Dos modelos enfrentados
El contraste con la situación actual de Estados Unidos es marcado. Mientras la NASA carece de una estrategia nacional de recursos a largo plazo, el liderazgo espacial estadounidense depende en gran medida de iniciativas privadas impulsadas por figuras como Elon Musk y Jeff Bezos. China, en cambio, avanza con un plan centralizado, escalonado y respaldado por el Estado.
La apuesta de Pekín no se basa en hitos aislados ni en objetivos de alto impacto mediático, sino en una construcción progresiva de infraestructura logística, industrial y económica. Si la hoja de ruta se cumple, el resultado sería un sistema solar con nodos, rutas y recursos bajo influencia china, una perspectiva que redefine la competencia espacial del siglo XXI y obliga a Occidente a repensar su lugar más allá de la órbita terrestre.
