Los bancos atraviesan una transformación profunda que ya no se limita a la digitalización de servicios, sino que redefine cómo circula el dinero, cómo se toman decisiones y cómo se construye la confianza con los clientes. El estudio Accenture Top Banking Trends 2026 identifica seis tendencias clave que, según la consultora, marcarán el rumbo del sector durante este año y los próximos.
Desde la irrupción de las monedas digitales hasta la adopción masiva de agentes de inteligencia artificial, el informe describe un escenario de cambios simultáneos que obligan a las entidades financieras a repensar su rol histórico, sus modelos tecnológicos y su relación con el riesgo.
Dinero inteligente y nuevas vías de pago
La primera tendencia apunta al surgimiento de una nueva etapa del dinero. No solo en la forma en que se almacena o se mueve, sino en cómo se vuelve más inteligente y autónomo. Stablecoins, monedas digitales de bancos centrales (CBDC) y depósitos tokenizados comienzan a perfilarse para un uso masivo, al tiempo que evolucionan las infraestructuras de pago.
Las llamadas “vías de pago” avanzan hacia modelos interoperables, con transacciones programables y enriquecidas con datos, capaces de conectar distintos sistemas y redes de manera fluida. En ese contexto, Accenture advierte que el dinero dejará de ser pasivo.
Javier González Boix, director ejecutivo de Accenture Argentina, señala que “estos cambios representan tanto un riesgo como una oportunidad para los bancos. Las monedas digitales podrían desplazar pagos e ingresos fuera del sistema bancario tradicional, mientras que las transacciones más inteligentes podrían situar a los bancos en el centro de una nueva revolución financiera”.
El ejecutivo agrega que el impulso de los pagos agenticos ya es visible: “No se trata solo de reducir fricciones, sino de delegación: dinero que se mueve por sí solo, a través de agentes inteligentes que actúan en nombre de los clientes. Pronto, el dinero trabajará para su propietario, sin estar nunca inactivo y optimizándose de forma constante. Los bancos deben comenzar a dar forma a estas disrupciones, más que limitarse a reaccionar ante ellas”.
El banco omnipresente y las nuevas experiencias
La segunda tendencia describe la transición hacia un banco omnipresente, impulsado por la maduración de la inteligencia artificial y las interfaces conversacionales basadas en GPT. Así como la banca digital modificó expectativas hace 25 años, hoy los clientes esperan poder hacer mucho más que consultar saldos o pagar cuentas.
Las interacciones digitales deberán ser tan fluidas y adaptativas como una conversación con un ejecutivo experimentado, y extenderse más allá de las aplicaciones bancarias hacia plataformas externas de IA. En ese escenario, el rol de la sucursal física no desaparece, pero se resignifica.
Accenture sostiene que los espacios físicos seguirán representando confianza y seguridad, especialmente en un contexto donde la línea entre lo real y lo falso puede volverse difusa. El desafío estará en combinar experiencias digitales personalizadas, impulsadas por IA, con el valor de la presencia humana.
González Boix destaca que “hay una importante oportunidad: 86% de las personas a nivel mundial confiaría en asistentes de IA de su banco principal. El futuro de la experiencia digital girará en torno a asistentes inteligentes impulsados por IA, mucho más avanzados que los chatbots actuales”.
Según explica, los clientes esperarán asistentes tan ágiles como los GPT comerciales, con mecanismos de control y explicabilidad que refuercen la confianza. “Para los clientes, el resultado debería sentirse como una extensión natural de experiencias actuales, como chatear por mensaje con su ejecutivo bancario”, afirma.
IA agentica a escala en la banca
La tercera tendencia se centra en la adopción a escala de la IA agentica. Durante 2026, se espera que estos sistemas se expandan en toda la industria bancaria. Las entidades líderes ya están implementando agentes de IA que trabajan junto a los empleados y gestionan de forma autónoma tareas definidas.
Este avance modifica la naturaleza del trabajo y promete nuevas eficiencias operativas y oportunidades de crecimiento. Sin embargo, Accenture remarca que el éxito no dependerá solo de la tecnología.
“El éxito dependerá de poner a las personas en el centro del cambio”, sostiene González Boix. “Los ejecutivos deberán empoderar a sus equipos para replantear los flujos de trabajo y co-diseñar interacciones humano–IA intuitivas, que potencien el trabajo en lugar de reemplazarlo. Se requiere de un liderazgo sólido y con propósito: capaz de definir una visión clara, modelar el cambio y empoderar a los equipos”.
Deuda tecnológica y modernización acelerada
La cuarta tendencia pone el foco en un problema estructural: la deuda tecnológica. Durante años, los bancos priorizaron tecnologías orientadas al cliente mientras postergaban la modernización de sus sistemas centrales. El resultado es una infraestructura compleja, costosa y sostenida por parches sobre plataformas obsoletas.
En los últimos 15 años, el costo de la tecnología bancaria creció alrededor de cuatro veces más rápido que los ingresos del sector, con gran parte del gasto destinado a mantener sistemas operativos existentes. Para Accenture, ese desequilibrio ya no es sostenible.
González Boix explica que “hasta hace poco, la modernización era demasiado costosa y lenta como para abordarla, pero la IA generativa y la automatización inteligente hoy la están haciendo más rápida, más accesible y viable”.
El informe identifica cuatro fuerzas que habilitan este cambio: agentes de IA que aceleran la comprensión y despliegue de código, colaboración entre bancos para compartir software core, incorporación de resiliencia en las bases tecnológicas y nuevas herramientas de gestión agentiva que permitirán a los CIOs orquestar miles de agentes de forma eficaz.
Riesgos fragmentados y visión integrada
La quinta tendencia se relaciona con la gestión de riesgos. Aunque los bancos analizan en detalle los riesgos financieros, operacionales, cibernéticos y geopolíticos, la creciente interconexión entre ellos dificulta una visión integral.
“El riesgo en los bancos no solo se está multiplicando a gran velocidad; también se está difuminando y entrelazando”, advierte González Boix. Según explica, la especialización y la organización en silos fragmentan la mirada global, generando puntos ciegos peligrosos.
El ejecutivo señala que el cumplimiento en delitos financieros cuesta a las instituciones globales alrededor de US$ 200.000 millones al año, y aun así persisten pérdidas crediticias, multas y quiebras. “Los bancos siguen concentrados en los píxeles y no en la imagen completa”, afirma.
Para revertir esta situación, plantea que el riesgo debe convertirse en una capacidad integrada y estratégica. “Los bancos que avancen tratarán el riesgo como una fuente de información y ventaja competitiva”, sostiene, mediante el uso de datos y analítica para anticipar amenazas y fortalecer la resiliencia.
Competencia creciente por depósitos y préstamos
La sexta tendencia aborda la intensificación de la competencia en depósitos y préstamos, que históricamente representaron la base del poder bancario y generan cerca de dos tercios de los ingresos globales del sector. Hoy, esa fortaleza enfrenta presiones desde varios frentes.
Por un lado, las fintech avanzan sobre productos centrales, con stablecoins que desafían a los depósitos y el crédito privado que compite con los préstamos tradicionales. Por otro, los clientes acceden a herramientas sofisticadas de gestión financiera a través de interfaces impulsadas por IA generativa.
González Boix advierte que “estos cambios competitivos representan un desafío inédito para los cerca de USD 200 billones en depósitos y préstamos que hoy administran los bancos”. Frente a ese escenario, plantea una combinación de estrategias defensivas y ofensivas.
“En lo defensivo, los bancos pueden pasar de silos de productos a ofertas integradas para adelantarse a competidores impulsados por IA”, explica. “En lo ofensivo, pueden tomar la iniciativa desarrollando sus propios motores de optimización de tasas o incluso cambiar las reglas del juego mediante nuevas alianzas con actores emergentes, tal como lo está haciendo PayPal con OpenAI”.
El estudio de Accenture traza así un mapa de transformaciones que no responden a una única innovación, sino a la convergencia de tecnologías, expectativas y presiones competitivas que redefinen el sistema financiero desde sus cimientos.
