La comunicación familiar en Argentina atraviesa una transformación profunda que ya no distingue edades ni distancias. El intercambio cotidiano entre padres, hijos, abuelos y hermanos se trasladó casi por completo al entorno digital, donde los mensajes, las videollamadas y los servicios compartidos ocupan un lugar central en la vida doméstica.
Un estudio reciente de Kaspersky confirma esta tendencia y expone, al mismo tiempo, los riesgos que emergen cuando la confianza familiar se cruza con la hiperconectividad.
Según el relevamiento, el 98% de las personas en Argentina mantiene algún tipo de contacto digital con su familia, mientras que solo un 2% afirma no comunicarse en línea en absoluto. La mensajería instantánea, el entretenimiento en plataformas digitales y el intercambio de contenidos en redes sociales se consolidaron como pilares de los vínculos familiares actuales.
Mensajería, streaming y videollamadas: la nueva rutina familiar
Las aplicaciones de mensajería se posicionan como el principal canal de contacto entre familiares. El 91% de los argentinos utiliza servicios como WhatsApp, Telegram o Signal para comunicarse a diario, lo que refuerza su rol como espacio de coordinación, acompañamiento y conversación permanente.
El tiempo compartido también migró a lo digital. El estudio señala que el 61% de las familias ve películas o series juntas a través de plataformas de streaming, incluso cuando no se encuentran en el mismo lugar físico. A esto se suma el uso de videollamadas, adoptadas de forma regular por el 35% de los encuestados, especialmente para sostener el contacto con familiares que viven lejos.
El intercambio de memes, videos y publicaciones en redes sociales aparece como otro elemento clave de esta dinámica. El 58% comparte este tipo de contenidos, una práctica más frecuente entre los grupos más jóvenes, donde el humor y las referencias culturales funcionan como una forma de cercanía emocional.
La confianza familiar como superficie de ataque digital
La digitalización de la vida familiar no solo redefine los vínculos, sino que amplía la superficie de riesgo dentro del hogar. Los mismos canales que facilitan la comunicación cotidiana se convirtieron en vectores habituales para fraudes, accesos no autorizados y robo de identidad, precisamente porque operan en un entorno de alta confianza.
A diferencia de otros espacios digitales, la comunicación entre familiares suele estar marcada por una menor verificación. Mensajes urgentes, enlaces compartidos sin contexto o solicitudes inesperadas dentro de un chat familiar pueden pasar inadvertidos y derivar en ataques de phishing emocional o suplantación de identidad.
El riesgo aumenta cuando las credenciales se comparten entre varios miembros del hogar. El uso de una misma cuenta o contraseña en servicios de streaming, correos electrónicos o plataformas digitales genera un efecto dominó: si uno de los dispositivos se ve comprometido, los atacantes pueden escalar el acceso a información personal, servicios financieros o datos almacenados en la nube.
Niños, adultos mayores y la seguridad como cuidado cotidiano
Desde Kaspersky advierten que niños y adultos mayores suelen ser objetivos prioritarios de las estafas digitales, ya que los ciberdelincuentes explotan la confianza interpersonal para infiltrarse en conversaciones habituales.
“Cuando la comunicación familiar se concentra en plataformas digitales, los riesgos dejan de ser abstractos. Niños y adultos mayores suelen ser objetivos prioritarios de estafas digitales, ya que los ciberdelincuentes aprovechan la confianza entre las personas para infiltrarse en conversaciones cotidianas. En muchos casos, los ataques no buscan grandes volúmenes de datos, sino accesos persistentes que permiten monitorear conversaciones, robar información o lanzar nuevas estafas desde cuentas legítimas. Proteger la privacidad y reforzar la seguridad digital en el hogar es hoy una parte esencial del cuidado familiar”, asegura Fabiano Tricarico, Director de Productos para el Consumidor para Américas en Kaspersky.
Frente a este escenario, los especialistas recomiendan adoptar medidas básicas pero consistentes: activar la verificación en dos pasos en las cuentas más sensibles, desconfiar de mensajes urgentes incluso cuando provienen de contactos conocidos, evitar la reutilización de contraseñas y proteger todos los dispositivos del hogar con soluciones de seguridad integrales.
La vida familiar ya se desarrolla en pantallas, chats y plataformas compartidas. En ese nuevo espacio común, la seguridad digital dejó de ser una cuestión técnica para convertirse en una extensión del cuidado cotidiano dentro del hogar.
