Pensar es cada vez más un lujo


 
La tecnología transformó la manera en que leemos, aprendemos y nos concentramos. Según la periodista británica Mary Harrington, en una columna de opinión publicada en el New York Times, los niveles de alfabetización de adultos y la capacidad de concentración han comenzado a descender en la última década, especialmente entre los sectores socioeconómicamente más vulnerables. 

Harrington señala que el consumo masivo de contenidos digitales y el uso constante de celulares están afectando la manera en que las personas procesan información y se concentran en tareas de largo aliento.

En la misma columna, Harrington comparte su experiencia personal: “Desde mi época en la escuela, se ha impuesto una forma de tecnología mucho más insidiosa y tentadora: internet, sobre todo a través de los teléfonos celulares. Hoy sé que tengo que guardar el teléfono en una gaveta o en otra habitación si necesito concentrarme durante más de unos minutos”.


Una cultura postalfabetizada y la lectura digital

Harrington hace referencia al fenómeno que John Burn-Murdoch describió en el Financial Times como una “cultura postalfabetizada”, en la que la mayor parte de los medios se consumen en celulares, priorizando imágenes y videos cortos sobre textos densos. Esta transformación afecta tanto la concentración como la capacidad de razonamiento profundo.


Maryanne Wolf, académica en alfabetización, explica que la lectura de formato largo “altera literalmente la mente. Reconfigura nuestro cerebro, aumenta el vocabulario, desplaza la actividad cerebral hacia el hemisferio izquierdo analítico y perfecciona nuestra capacidad de concentración, razonamiento lineal y pensamiento profundo”. Por el contrario, los hábitos de lectura digital, como observa Harrington citando a Cal Newport, fomentan patrones de atención fragmentados y superficiales, privilegiando saltar de contenido en contenido sobre la reflexión sostenida.



Desigualdad socioeconómica: la nueva brecha cognitiva

La periodista compara esta situación con la brecha en el consumo de comida ultraprocesada: “A medida que las chucherías ultraprocesadas se han hecho más accesibles e inventivamente adictivas, las sociedades desarrolladas han visto surgir una brecha entre quienes tienen los recursos sociales y económicos para mantener un estilo de vida sano y quienes son más vulnerables a la cultura alimentaria obesogénica”.


Los datos refuerzan esta correlación: los niños de familias con ingresos más bajos pasan más tiempo frente a pantallas recreativas que sus pares más acomodados. Harrington señala: “Los niños que están expuestos a más de dos horas al día de tiempo de pantalla recreativo tienen peor memoria de trabajo, velocidad de procesamiento, niveles de atención, habilidades lingüísticas y función ejecutiva que los niños que no lo están”.



La lectura profunda como ventaja cognitiva

Harrington recuerda que la alfabetización prolongada no es innata, sino que se aprende y perfecciona con práctica. La lectura de formato largo fortalece la capacidad de concentración, razonamiento lineal y pensamiento profundo, habilidades esenciales para la ciencia, la libertad de expresión y la democracia liberal.


En contraste, los hábitos digitales promueven la distracción: plataformas como TikTok y YouTube Shorts ofrecen contenidos breves, altamente adictivos, que combinan memes, desinformación y material generado por inteligencia artificial. Según Harrington, este entorno es “el equivalente cognitivo del pasillo de la comida basura”, difícil de resistir y con consecuencias más graves para quienes tienen menos recursos sociales y educativos.



Estrategias de élites y grupos con recursos

Algunas élites y grupos conservadores han adoptado límites estrictos al uso de tecnología. Harrington explica: “Las élites, los grupos religiosos y los conservadores ya están adoptando límites autoimpuestos al uso de la tecnología”. Entre 2019 y 2023 se abrieron más de 250 escuelas clásicas en Estados Unidos con énfasis en lectura de “grandes libros” de formato largo. Figuras como Bill Gates y Evan Spiegel limitan el uso de pantallas de sus hijos, contratan niñeras con contratos de “no teléfono” o envían a sus hijos a escuelas Waldorf donde los dispositivos están restringidos o prohibidos.



Consecuencias políticas y sociales

Harrington advierte que “una población general más amplia será efectivamente postalfabeta, con todas las consecuencias que ello implica para la claridad cognitiva”. Esta pérdida de capacidad de concentración y lectura profunda puede generar un electorado más tribal, menos racional y más susceptible a la manipulación, favoreciendo a quienes dominan las redes sociales y los mensajes simplificados, mientras que la población con menos recursos queda en desventaja.


El riesgo, según Harrington, no depende de un partido político: favorece a demagogos, oligarcas y figuras con habilidad en comunicación digital, mientras que quienes carecen de acceso a estrategias de protección cognitiva se ven marginados del debate público y del pensamiento crítico.


Estos son los puntos clave que plantea Harrinton:

  1. Impacto de la tecnología en la concentración: El uso generalizado de celulares e internet está reduciendo la capacidad de concentración y lectura profunda de niños y adultos, lo que obliga a prácticas como guardar el teléfono para enfocarse.
  2. Declive en alfabetización y habilidades cognitivas: Las puntuaciones de alfabetización de adultos y niños en países de la OCDE se han estancado o reducido en la última década, con mayores caídas en sectores económicamente vulnerables.
  3. Cultura postalfabetizada: La sociedad consume la mayoría de los medios a través de celulares, priorizando imágenes y videos cortos sobre textos densos, lo que altera la forma de pensar y aprender.
  4. Desigualdad cognitiva y socioeconómica: La alfabetización y la capacidad de concentración profunda se correlacionan con recursos económicos; los sectores pobres están más expuestos a pantallas y contenidos digitales, ampliando la brecha cognitiva.
  5. Diferencia entre lectura profunda y lectura digital: La lectura de formato largo desarrolla habilidades analíticas, vocabulario y pensamiento lineal, mientras que la lectura digital fomenta patrones de atención fragmentados y superficiales.
  6. Privilegio de la élite en salud cognitiva: Familias con recursos restringen el acceso de sus hijos a pantallas y buscan entornos educativos que fomenten la concentración y la lectura profunda, convirtiendo estas prácticas en un lujo cognitivo.
  7. Consecuencias sociales y políticas: La postalfabetización podría generar un electorado menos racional, más tribal y vulnerable a la manipulación, beneficiando a demagogos, oligarcas y estrategias de desinformación digital.

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