Hay escenas que se repiten todos los días y casi nadie cuestiona. Un mensaje que se abre en el colectivo, una contraseña que se escribe en el ascensor, una notificación que aparece mientras alguien espera en una fila. El teléfono, ese objeto que concentra conversaciones, accesos y rutinas personales, suele usarse en espacios donde la privacidad es casi inexistente. Ese contraste es el punto de partida de la próxima movida de Samsung para sus dispositivos Galaxy.
La compañía prepara la presentación de una nueva capa de privacidad pensada para proteger la pantalla del celular de miradas ajenas en contextos cotidianos. La idea es simple en su planteo pero ambiciosa en su ejecución: permitir que el usuario interactúe con su teléfono en espacios públicos sin tener que estar pendiente de quién observa por encima del hombro.
A diferencia de soluciones genéricas, este nuevo sistema parte de una premisa clara: no todas las personas necesitan el mismo nivel de protección todo el tiempo. Por eso, la capa de privacidad está diseñada como una herramienta flexible, que se puede adaptar según el uso y el momento. El usuario podrá definir, por ejemplo, qué aplicaciones requieren mayor resguardo visual o cuándo se activan medidas más estrictas al ingresar datos sensibles.
La personalización es uno de los ejes centrales. El sistema permite ajustar distintos niveles de visibilidad y decidir qué partes de la experiencia quedan protegidas. Entre esas opciones se incluye el manejo de notificaciones emergentes, un punto crítico en términos de exposición involuntaria de información. En lugar de ocultar todo de forma permanente, la propuesta apunta a un control fino, ajustable e incluso desactivable según las preferencias de cada persona.
Desde Samsung aseguran que este desarrollo no es resultado de una decisión reciente. Detrás hay más de cinco años de trabajo que combinaron ingeniería, pruebas y observación del uso real de los dispositivos. El foco estuvo puesto en entender qué consideran privado los usuarios y cómo debería sentirse la seguridad en el día a día, sin que se transforme en una barrera o una molestia adicional.
El resultado es una integración profunda entre hardware y software, pensada para actuar de manera casi imperceptible. La protección no busca interrumpir el uso del teléfono, sino acompañarlo de forma natural, incluso en situaciones donde la exposición visual es difícil de evitar.
Esta nueva capa se suma al ecosistema de seguridad que Samsung viene construyendo desde hace más de una década con Knox. Tecnologías como Knox Vault, orientadas a la protección a nivel de hardware, y Knox Matrix, enfocada en la defensa del ecosistema, sirven como base para esta evolución. La novedad está en llevar el concepto de privacidad directamente al nivel del píxel, haciendo visible una protección que hasta ahora operaba mayormente en segundo plano.
Samsung plantea este avance como un nuevo estándar para la privacidad móvil. Una combinación de seguridad estructural y control visual que apunta a responder a un problema cada vez más frecuente en un mundo hiperconectado. La compañía adelantó que esta función llegará muy pronto a los dispositivos Galaxy, reforzando una idea que gana peso en la industria: no hay experiencia móvil completa sin privacidad pensada para la vida real.
