La escasez global de memoria DRAM ya encarece la producción del iPhone y obliga a fabricantes de tecnología y automóviles a revisar sus planes industriales. El crecimiento acelerado de los centros de datos para inteligencia artificial está absorbiendo capacidad productiva a un ritmo que la industria no logra acompañar.
Desde fabricantes de smartphones hasta automotrices y desarrolladores de consolas, el mercado enfrenta un cuello de botella que encarece componentes críticos y altera estrategias empresariales en toda la cadena global de electrónica.
La memoria DRAM, en el centro de la expansión de la IA
La demanda de infraestructura para inteligencia artificial cambió la dinámica del mercado de semiconductores. Compañías como Alphabet, OpenAI y Amazon están adquiriendo millones de aceleradores de IA de Nvidia, hardware que requiere grandes volúmenes de memoria para entrenar y ejecutar modelos avanzados.
Esa presión recae sobre fabricantes como Samsung Electronics, Micron Technology y SK Hynix, que concentran buena parte de la producción global de DRAM. El resultado es una competencia directa entre gigantes de la nube y fabricantes de electrónica de consumo por un suministro cada vez más limitado.
Tim Cook, CEO de Apple, reconoció que esta situación reducirá la rentabilidad del iPhone. Desde Tesla, Elon Musk planteó que la compañía enfrenta dos caminos: aceptar el límite impuesto por el suministro de chips o avanzar hacia la construcción de su propia planta de memoria.
El impacto ya se refleja en los precios. Determinados tipos de DRAM registraron aumentos cercanos al 75% en el período comprendido entre diciembre y enero, en un contexto de alta volatilidad que obliga a distribuidores e intermediarios a modificar valores con frecuencia.
Inversiones récord y presión estructural sobre la oferta
El desequilibrio entre oferta y demanda no responde a un evento puntual. Las inversiones anunciadas para infraestructura de inteligencia artificial alcanzan niveles inéditos. Alphabet proyecta destinar hasta USD 185.000 millones este año, mientras que Amazon anticipó desembolsos cercanos a USD 200.000 millones.
A ese movimiento se suman Meta y Microsoft, que también incrementan su gasto en centros de datos. El gasto colectivo en infraestructura pasó de USD 217.000 millones en 2024 a una estimación de USD 650.000 millones en 2026.
Esa expansión absorbe capacidad productiva de memoria a gran velocidad. Analistas del sector describen la evolución de los precios como una curva ascendente pronunciada. El beneficio inmediato se concentra en los fabricantes de memoria, pero el resto del ecosistema tecnológico enfrenta mayores costos y menor previsibilidad.
Desde Lenovo Group, su CEO Yang Yuanqing advirtió que el desbalance estructural entre oferta y demanda no se resolverá en el corto plazo y que la presión podría extenderse al menos hasta fin de año.
Productos en riesgo y cadenas globales tensionadas
El impacto ya se traslada a productos concretos. En el sector de videojuegos, Sony evalúa escenarios que podrían desplazar el calendario de lanzamiento de su próxima PlayStation hacia 2028 o 2029.
En el segmento de computadoras de alta gama, el cierre de la marca Crucial, vinculada a Micron, aceleró la búsqueda de inventarios disponibles y elevó los precios en el canal minorista.
La comparación con la crisis de semiconductores registrada durante la pandemia resulta inevitable, aunque la causa actual es distinta. En este caso, la industria de memoria prioriza contratos asociados a inteligencia artificial, lo que deja a otros segmentos en una posición más vulnerable.
La competencia no solo se libra por chips, sino también por infraestructura y talento especializado. Empresas como Tesla analizan alternativas de integración vertical, mientras distintos países impulsan proyectos para instalar fábricas locales de semiconductores. Sin embargo, la construcción y puesta en marcha de nuevas plantas requiere años y fuertes inversiones, por lo que cualquier alivio sería gradual.
Desde Lam Research, su CEO Tim Archer sostuvo que la industria enfrenta una fase de expansión superior a cualquier ciclo anterior. La demanda futura de memoria superaría todo lo visto hasta ahora.
El ritmo de adaptación del sector definirá no solo la rentabilidad de fabricantes y tecnológicas, sino también el precio final de dispositivos clave para consumidores y empresas.
