Un cofundador de Anthropic pidió frenar el avance de la IA antes de que empiece a desarrollarse sin humanos



Jack Clark advirtió que la industria de la inteligencia artificial tiene “un acelerador” y todavía no cuenta con una herramienta equivalente para desacelerar su desarrollo. También señaló que Claude ya funciona con código escrito en un 80% por el propio sistema.


Jack Clark, cofundador de Anthropic, advirtió que la inteligencia artificial se acerca a una etapa en la que podría desarrollarse con cada vez menos intervención humana y pidió crear mecanismos capaces de desacelerar su avance.


El ejecutivo sostuvo que la industria necesita la posibilidad de “sacar el pie del acelerador y ponerlo en el freno”. En una entrevista con BBC Newsnight, explicó que el sector cuenta hoy con una fuerte capacidad de impulso y carece de una herramienta equivalente para moderar su progreso cuando sea necesario.


La advertencia apunta a uno de los debates más sensibles de la tecnología actual: cómo mantener bajo control sistemas que crecen en capacidad, ganan autonomía y pueden tener efectos amplios sobre la economía, el empleo, la seguridad y la vida cotidiana.


Clark planteó que las sociedades, a través de políticas públicas, deben conservar la capacidad de decidir cómo y hasta dónde se despliegan estas herramientas. Para el cofundador de Anthropic, el mundo necesita construir nuevas regulaciones que permitan confiar en los sistemas de IA antes de que sus capacidades avancen todavía más.


Claude ya trabaja con código escrito en gran parte por la propia IA

Uno de los datos más fuertes de la entrevista fue el nivel de participación que la IA ya tiene en el desarrollo de sus propias herramientas. Según Clark, Claude, el chatbot de Anthropic, funciona con un código del cual el 80% fue escrito por el propio sistema.


El ejecutivo sostuvo que llegar al 100% podría ser posible dentro de dos años y aseguró que ese escenario tendría “enormes implicaciones”.


La frase expone una preocupación central para la industria: qué ocurre cuando los sistemas dejan de ser solo productos creados por equipos humanos y empiezan a intervenir de manera decisiva en su propio desarrollo técnico.


Clark no detalló cómo podría implementarse ese “freno” para la investigación y el desarrollo de la IA. Para explicar el punto, comparó el momento actual con el auge del petróleo y los grandes empresarios del sector a comienzos del siglo pasado.


Según su mirada, la respuesta social a ese proceso fue la creación de un marco político y regulatorio que permitió aprovechar los beneficios del petróleo sin depender únicamente de las decisiones personales de quienes lideraban las compañías. Para Clark, la inteligencia artificial debería avanzar hacia un esquema similar.


Regulación, crecimiento empresarial y tensiones dentro del sector

La posición de Anthropic tiene una particularidad: la empresa se presenta como una de las compañías más activas en la discusión sobre los riesgos de la IA y forma parte del grupo de actores que impulsan el desarrollo de modelos cada vez más avanzados.


Esta semana, la compañía celebró una orden ejecutiva sobre inteligencia artificial firmada por el presidente estadounidense Donald Trump. La medida fue descrita como relativamente flexible hacia las empresas del sector y no obliga a las compañías de IA a someterse a pruebas de seguridad gubernamentales. Ese tipo de controles sigue siendo voluntario.


Las grandes empresas que compiten por liderar el avance de la IA, entre ellas Anthropic, OpenAI y Google, tampoco anunciaron una pausa en sus investigaciones.


Anthropic creció con rapidez desde su fundación en 2021 por Dario Amodei, Jack Clark y otros exintegrantes de OpenAI. Cinco años después, la compañía se prepara para salir al mercado bursátil y podría convertirse en una de las primeras firmas jóvenes de IA en cotizar en bolsa.


De acuerdo con estimaciones de inversores privados citadas en la información original, la valoración de Anthropic se ubica cerca de los USD 1.000.000 millones, una cifra que la colocaría entre las salidas a bolsa más valiosas de la historia.


Clark rechazó que sus advertencias busquen mejorar la reputación de la empresa ante clientes. Según dijo, su intención es contarle al mundo lo que las compañías están viendo desde adentro con una tecnología inusual.


El impacto sobre el empleo y el lugar de la creatividad

Las declaraciones de Clark también tocaron otro punto sensible: el impacto económico de la IA. El cofundador de Anthropic mencionó el riesgo de disrupción laboral, especialmente por el avance de los agentes de IA, sistemas capaces de ejecutar tareas rutinarias con cierto nivel de autonomía.


En el último año, grandes compañías tecnológicas realizaron despidos masivos y en muchos casos mencionaron la creciente capacidad de las herramientas de IA para hacer tareas que antes requerían cientos o miles de ingenieros de software.


Clark marcó un límite sobre las capacidades actuales de estos sistemas: todavía no hay evidencia suficiente para afirmar que la IA pueda ser verdaderamente creativa. Según explicó, en Anthropic hoy el cuello de botella no está tanto en la ingeniería necesaria para convertir una idea en realidad, sino en la capacidad de generar buenas ideas.


Por eso, sostuvo que las personas con intereses amplios, lectura, curiosidad y capacidad creativa podrían tener una ventaja en una economía atravesada por la IA. Para los jóvenes que temen quedarse sin lugar en ese escenario, recomendó desarrollar hobbies, leer más y formarse con una mirada amplia.


El planteo de Clark ubica la discusión en un terreno que excede la competencia entre empresas. La pregunta de fondo ya no pasa solo por quién construye los modelos más potentes, sino por qué instituciones, reglas y decisiones humanas podrán intervenir cuando el desarrollo de la IA exija bajar la velocidad.

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