La NASA activa el telescopio Swift para una última misión suicida tras el fracaso de su rescate espacial

 

La NASA activa el telescopio Swift para una última misión suicida tras el fracaso de su rescate espacial

El telescopio espacial Swift de la NASA, de casi 22 años de servicio y sin propulsión propia para corregir su trayectoria, encendió nuevamente dos de sus instrumentos científicos clave para aprovechar sus últimos meses de vida en la órbita terrestre baja. 

La decisión de la agencia espacial estadounidense ocurre luego del colapso técnico de la nave de salvataje que buscaba impulsarlo a una altura segura, lo que deja al histórico observatorio espacial en una inminente cuenta regresiva hacia su reentrada y destrucción en la atmósfera antes de fin de año.

El pasado 26 de agosto, los controladores del centro espacial de la NASA reactivaron con éxito el Telescopio de Rayos X (XRT) y el Telescopio Ultravioleta/Óptico (UVOT). Ambas herramientas permanecían apagadas desde febrero en una maniobra extrema de conservación: la agencia había puesto al observatorio en una posición de "mínimo roce" aerodinámico con los restos atmosféricos para ralentizar su caída a la Tierra y ganar tiempo a la espera de un rescate espacial.

Sin embargo, la misión privada destinada a salvarlo fracasó de manera definitiva. La nave robótica LINK, desarrollada por la firma Katalyst Space y lanzada a principios de julio a bordo de un cohete Pegasus XL, sufrió fallas críticas en dos de sus tres ruedas de reacción y en sus propulsores de gas frío, lo que desató una rotación descontrolada en órbita. Tras perder el control de la nave comercial, la NASA y Katalyst cancelaron la maniobra de acoplamiento el 19 de agosto, dejando a Swift condenado a caer por la fricción atmosférica, agravada por el pico de actividad del ciclo solar actual.

Una "vuelta de honor" para cazar las explosiones más violentas del universo

Al salir de la postura de mínima resistencia para apuntar de nuevo a las estrellas, el telescopio aceleró de forma inevitable su descenso. Las proyecciones de la NASA estiman que la nave cruzará la barrera crítica de los 300 kilómetros de altitud en las próximas semanas. Por debajo de esa frontera, la densidad atmosférica vuelve casi imposible la orientación precisa de los instrumentos, acelerando de forma exponencial la caída de la nave.

Pese al destino ineludible, el equipo científico prefirió extraer hasta la última gota de ciencia del Swift antes que dejarlo apagado en su agonía orbital. Durante más de dos décadas, el observatorio Neil Gehrels Swift ha sido el vigía principal de los eventos más energéticos del cosmos: los brotes de rayos gamma, colisiones de estrellas de neutrones y el nacimiento de agujeros negros, gracias a su capacidad inédita para girar y enfocar destellos cósmicos fugaces en cuestión de minutos.

La riesgosa era del mantenimiento de satélites en la órbita terrestre

El triste desenlace del telescopio Swift deja en evidencia los desafíos gigantescos que enfrenta la incipiente industria de asistencia orbital. El intento de rescate mediante la nave LINK formaba parte de una nueva ola de proyectos dedicados a la reparación, reabastecimiento y elevación de órbita de infraestructura espacial obsoleta o en decadencia, un servicio demandado tanto por agencias gubernamentales como por empresas privadas.

Mientras los ingenieros analizan los restos de la misión de Katalyst Space, la NASA prepara el monitoreo final de la reentrada del telescopio de 500 millones de dólares. Se prevé que la mayor parte de la estructura del Swift se desintegre por el calor extremo durante su fricción con la atmósfera entre noviembre y diciembre de este año, marcando el épico cierre de una de las misiones más fructíferas de la astrofísica moderna.

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