Una encuesta realizada entre más de 200 profesionales de Argentina y América Latina reveló una fuerte valoración de las nuevas tecnologías, aunque persisten problemas para integrar historias clínicas, turnos, recetas y otros datos entre instituciones y plataformas.
La transformación digital avanza en hospitales, clínicas y otros actores del sector sanitario, pero todavía existe una brecha entre la incorporación de nuevas herramientas y la capacidad del sistema para integrarlas.
Según la Encuesta de Salud Digital en Argentina y América Latina 2025, realizada por Consenso Salud entre más de 200 profesionales del sector, el 76% considera que el sistema está medianamente o poco preparado para afrontar este proceso.
Al mismo tiempo, existe un amplio consenso sobre sus beneficios: el 91,3% de los encuestados considera que la salud digital tiene un impacto positivo o muy positivo sobre la calidad de la atención.
Durante los últimos años, hospitales, clínicas, financiadores y prestadores incorporaron herramientas digitales para gestionar historias clínicas, turnos, recetas, imágenes y diferentes procesos asistenciales y administrativos. Sin embargo, una parte importante de esas soluciones continúa funcionando de manera independiente.
El problema aparece cuando la información generada en una institución o plataforma no puede acompañar al paciente durante todo su recorrido por el sistema sanitario o no está disponible para los profesionales cuando deben tomar una decisión.
Pacientes más digitales frente a un sistema todavía fragmentado
El cambio también está impulsado por los propios pacientes. Cada vez más personas utilizan aplicaciones, dispositivos conectados y herramientas basadas en inteligencia artificial, al mismo tiempo que esperan poder acceder a su información médica, gestionar turnos desde el celular y evitar tener que proporcionar los mismos datos en cada instancia de atención.
También crece la demanda de experiencias más personalizadas y de un seguimiento que pueda mantenerse a través de distintos profesionales e instituciones.
El problema es que esas expectativas evolucionaron más rápidamente que la integración tecnológica del sistema sanitario.
La fragmentación de la información produce consecuencias concretas: los pacientes deben volver a cargar datos en diferentes consultas, los profesionales pueden verse obligados a tomar decisiones con información incompleta, se repiten tareas administrativas y resulta más compleja la coordinación entre instituciones y equipos de salud.
Todo esto puede traducirse tanto en una experiencia menos fluida para el paciente como en una operación menos eficiente para las organizaciones sanitarias.
“Durante años el foco estuvo puesto en digitalizar procesos individuales. Hoy el desafío es lograr que esas iniciativas funcionen como un sistema integrado. Cuando la información no circula entre instituciones, profesionales y pacientes, la tecnología pierde gran parte de su capacidad para generar valor, mejorar la atención y aumentar la eficiencia operativa”, explicó Silvia Pascual, Business Manager de Flux IT.
La interoperabilidad, una pieza central para conectar el sistema de salud
Uno de los principales desafíos es lograr que la información pueda circular de manera segura entre los diferentes participantes del sistema independientemente de la institución o de la plataforma en la que haya sido generada.
Esta capacidad, conocida como interoperabilidad, permite que diferentes sistemas, aplicaciones e instituciones puedan intercambiar y utilizar información entre sí.
Según el planteo de Flux IT, la interoperabilidad dejó de ser únicamente un desafío tecnológico y pasó a constituir una de las bases necesarias para desarrollar modelos de atención más coordinados, eficientes y centrados en las personas.
La integración de la información también resulta relevante para aprovechar tecnologías como la inteligencia artificial, la automatización y el análisis de datos.
Estas herramientas pueden utilizar información integrada para anticipar necesidades, personalizar la atención, optimizar determinadas tareas de los equipos sanitarios y mejorar la experiencia de los pacientes. Sin datos disponibles, conectados y de calidad, en cambio, sus posibilidades de aplicación son más limitadas.
“La interoperabilidad ya no es una ventaja competitiva; empieza a convertirse en una condición para sostener la transformación del sistema. Sin información integrada resulta muy difícil escalar modelos preventivos, incorporar inteligencia artificial con criterio o brindar experiencias consistentes a lo largo de todo el recorrido del paciente”, señalaron desde Flux IT.
En este escenario, la transformación digital del sector comienza a plantear un desafío que va más allá de sumar nuevas herramientas. La cuestión pasa por lograr que historias clínicas, estudios, recetas, turnos y otros datos puedan funcionar de manera conectada y acompañar al paciente entre diferentes instancias de atención.
Así, el grado de digitalización de una organización sanitaria deja de depender solamente de la cantidad de soluciones tecnológicas implementadas y pasa a estar relacionado también con su capacidad para conectar información, coordinar decisiones y ofrecer una atención continua y más eficiente.
