La inteligencia artificial se integró en la rutina laboral con una velocidad que pocos anticiparon. Asistentes de escritura, sistemas de resumen automático y funciones predictivas pasaron a formar parte del día a día en oficinas públicas y privadas. Sin embargo, en el corazón político de Europa, esa tendencia encontró un freno abrupto.
El Parlamento Europeo decidió desactivar las funciones de inteligencia artificial en los dispositivos de trabajo utilizados por su personal y por los legisladores vinculados a la institución. La medida apunta directamente a los riesgos de ciberseguridad y protección de datos.
Una decisión motivada por la seguridad de la información
La orden implicó la desactivación inmediata de prácticamente todas las funciones de IA integradas en tablets corporativas y otros dispositivos gestionados por el departamento de TI de la institución. Fue precisamente esa área técnica la que impulsó la decisión.
El motivo central es la imposibilidad de garantizar que los datos tratados en estos entornos no queden expuestos o comprometidos al interactuar con herramientas basadas en inteligencia artificial.
También se instó a los empleados a aplicar precauciones similares en dispositivos personales utilizados para tareas laborales, una señal de que la preocupación no se limita al hardware corporativo, sino al ecosistema completo de trabajo híbrido.
Qué cambia en la práctica dentro de la institución
La prohibición afecta a funciones que ya se habían naturalizado en el entorno laboral: asistentes virtuales, sistemas de redacción automática y herramientas de resumen de textos. Se trata de utilidades que, en muchos casos, están integradas por defecto en plataformas de uso cotidiano.
No obstante, el Parlamento aclaró que aplicaciones esenciales como calendarios, procesadores de texto, plataformas de correo electrónico y otras herramientas críticas para la actividad diaria no quedarían fuera de servicio. El foco está puesto en las capacidades de IA que impliquen escaneo, análisis o procesamiento de contenidos internos.
Además, se pidió evitar exponer comunicaciones internas, documentos o correos electrónicos a funciones de inteligencia artificial que requieran examinar esos materiales. La institución no detalló públicamente qué herramientas específicas quedaron bloqueadas, pero el alcance sugiere una política preventiva amplia.
La decisión se produce en paralelo al despliegue del marco regulatorio europeo sobre inteligencia artificial, conocido como AI Act, que busca establecer estándares estrictos para el desarrollo y uso de estos sistemas. Mientras el bloque avanza en normas pioneras a nivel global, sus propias instituciones adoptan una postura cautelosa hacia la implementación interna de estas tecnologías.
Así, mientras la inteligencia artificial promete eficiencia y automatización, el Parlamento Europeo optó por priorizar el control y la protección de la información sensible. El mensaje es claro: antes de incorporar plenamente estas herramientas, la seguridad de los datos institucionales debe estar garantizada.
