La frontera entre la ciencia ficción y la física teórica ya es más delgada que nunca. Lo que a finales de los años 90 parecía una premisa puramente cinematográfica con el estreno de Matrix, hoy es el centro de una disputa académica de alto nivel.
Melvin Vopson, físico de la Universidad de Portsmouth, afirma haber hallado pruebas de que nuestra realidad podría ser, en esencia, un procesamiento de datos masivo.
A través de sus investigaciones en el Information Physics Institute, Vopson sostiene que el universo no solo contiene información, sino que está compuesto por ella. Su hipótesis no se limita a la filosofía; se apoya en la observación de patrones en sistemas biológicos y genéticos que parecen responder a una lógica de optimización computacional.
La infodinámica: ¿El universo comprime sus datos?
El pilar central del argumento de Vopson es la denominada Segunda Ley de la Infodinámica. A diferencia de la entropía tradicional, que sugiere que los sistemas tienden al desorden, esta nueva ley propone que la información dentro de un sistema tiende a permanecer constante o incluso a reducirse para alcanzar un estado óptimo.
Según este enfoque, el universo se comporta de forma idéntica a un software de vanguardia: elimina lo redundante y comprime la información para ahorrar "recursos" energéticos. Bajo esta premisa, incluso la gravedad dejaría de ser una fuerza fundamental tal como la conocemos, para ser reinterpretada como la consecuencia de un proceso informático subyacente. Esta visión sugiere que las leyes físicas son, en realidad, líneas de código optimizando la ejecución del cosmos.
El contraataque matemático: los límites del algoritmo
No toda la comunidad científica observa con optimismo estas conclusiones. Críticos de la talla de Lawrence M. Krauss y Mir Faizal, de la Universidad de Columbia Británica, sostienen que la naturaleza misma de las matemáticas contradice la posibilidad de una simulación perfecta. Su defensa se basa en los teoremas de incompletitud de Gödel.
Este principio matemático dicta que cualquier sistema lógico y computacional posee verdades que no pueden ser demostradas desde su propio interior. En términos prácticos: si fuéramos un programa, la realidad presentaría fallos sistémicos o inconsistencias insalvables que harían imposible la estabilidad del universo tal como lo percibimos. Para este sector de la ciencia, la complejidad de la realidad supera cualquier capacidad de procesamiento algorítmico imaginable.
Por ahora, el debate permanece abierto. Mientras Vopson busca patrones informáticos en el genoma humano, otros esperan que herramientas como el telescopio James Webb aporten claridad sobre el origen de la materia. Por el momento, la pregunta de si habitamos en un servidor o en una realidad tangible sigue sin una respuesta de consenso, manteniendo al "mundo real" en un estado de incertidumbre cuántica.
